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El lado oscuro del bitcoin: su gran impacto medioambiental

Desde hace algunos años no hay conversación que se precie en la que el bitcoin no salga a la luz. Hemos leído que ha alcanzado los 19.665 dólares por unidad y que está creciendo de forma imparable pero… ¿sabemos realmente el impacto negativo de la criptomoneda más popular del mundo?

Hasta el momento todo lo que sabíamos acerca del bitcoin eran sólo las cosas positivas, pero aparentemente pasamos por alto que detrás de esta nueva economía basada en algoritmos y cálculos matemáticos hay un gran perdedor y éste es nuestro medioambiente.

¿Por qué el bitcoin es una amenaza para el medioambiente?

Hasta aquí todo pinta muy  bien pero no todo es tan bonito como parece y es que la contaminación producida por las criptomonedas aumenta tan rápidamente como su popularidad.

La cantidad de dióxido de carbono que se produce de la generación de bitcoins al año supera los 17.000 kilotoneladas, según informa Digiconomist, superando el consumo anual de energía de países como Eslovenia o Lituania.

Dicho de otra manera, la cantidad de energía necesaria para realizar una sola transacción de bitcoin, podría cubrir el consumo energético de un hogar español durante toda una semana.

Este problema se agrava al saber que en el último mes de 2017 su consumo de energía aumento un 29,98 %, es decir que en 2020 consumirá la misma energía que toda la Tierra.

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Si bien todos los sistemas de pagos que conocemos en la actualidad conllevan un gasto energético, éstos son infinitamente menores a los que produce el bitcoin.

Por ejemplo si comparamos el consumo energético de una sola transacción de un bitcoin frente a su semejante, la criptomoneda Ether, podemos ver que el botcoin la supera en un 75% de consumo. Al comprarlo frente a una transacción de Visa el escenario es aún más desconcertante, ya que el bitcoin consume 99.99% más energía que una transacción realizada por Visa.

A este problema de ineficiencia energética hay que sumarle otro igual de importante y es que el diseño de bitcoin impide que las transacciones tarden en confirmarse casi dos horas, frente a los siete segundos de MasterCard y los minutos minutos, como  máximo, de Ethereum.

¿Cómo se generan los bitcoins?

Primero que todo hay que tener en cuenta que los bitcoins se descubren, no se crean y para descubrirlos cuentan con los “mineros” de la tecnología, que obtienen monedas a cambio de resolver problemas matemáticos mediante la realización de cuentas con números elegidos al azar.

Las operaciones que van realizando se van agrupando en bloques y para validarlos necesitan encontrar una clave llamada hash (una fórmula sintetizadora de la información) que se une al hash del bloque anterior creando una cadena.

Cuando el minero encuentra un hash necesita que sea comprobado por el 51% de los mineros para poder hacerse con los 12,5 bitcoins equivalentes a casi 30.000 euros.

El problema surge cuando las ganas de obtener una mayor recompensa hace que cada vez haya más mineros, con máquinas más rápidas y potentes, que consumen grandes cantidades de energía.

 ¿De dónde proviene la mayor parte de la energía?

La mayoría de los bitcoins se excavan en China algo que preocupa debido a que gran parte de la electricidad del interior de China proviene de plantas energéticas de carbón, que fueron construidas para grandes proyectos de construcción que nunca sucedieron y que resultan muy baratos.

Lo anterior preocupa a la comunidad internacional, al verse un claro incremento energético en el continente asiático, especialmente China, uno de los países mayor contaminación del mundo.

Origen del bitcoin

El bitcoin es la primera criptomoneda que empezó a operar y la primera red de pagos que, por el momento, no está controlada por ningún banco o gobierno.

Fue lanzado en enero de 2009 por Satoshi Nakamoto, el seudónimo de una o varias personas de las que no se conoce la identidad, y fue creado con una limitación matemática, de manera que no se pueden crear más monedas de las establecidas.

La acelerada evolución del bitcoin

El constante aumento de su valor es proporcional a su demanda por ello en los últimos meses está alcanzando cifras tan elevadas. El precio más alto que alcanzó en 2010, un año después de su lanzamiento, fue tan solo de 0,39 dólares, ¡ni siquiera llegó al dólar!, y diez años más tarde, en 2017 llegó a costar 19.665 dólares.

 

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